viernes, 21 de noviembre de 2014

¿Isis y la Virgen María son lo mismo?

El cristianismo católico ha elevado a los altares a cientos, miles de personas, santos, mártires y fieles. Sin embargo, de todas estas personas, sobresale una en concreto, una mujer: María. Su lectura como Madre de Dios ha engrandecido a lo largo de la historia a fieles que han levantado iglesias, catedrales y monumentos en su honra. Pero ese rol que la Biblia le entregó a María, viene de lejos, de bastantes años antes de que hiciera aparición el cristianismo.
Las escrituras cristianas le conceden a María la misión más importante que Dios pudiera ofrecerle a un humano: concebir a su hijo. Todo eso, pero sólo eso, ya que la Biblia no muestra ninguna influencia posterior de María en su hijo, en Jesucristo. No ejerce un papel importante en la divulgación de su palabra ni en su crecimiento espiritual. Bien es cierto que podría, sin duda, deberse a la degradación de la figura de la mujer por parte del libro sagrado del cristianismo, pero, con todo eso, ¿por qué los cristianos la veneran? Para responder a esto es preciso viajar atrás en el tiempo.
 

Viajemos a las diosas de la antigüedad

Seminarís, Astarté e Isis engendraron, según las tradiciones paganas, un hijo de forma sobrenatural, permaneciendo vírgenes tras su alumbramiento. Tammuz, Baal y Horus eran hijos de Dioses. Y a sus madres se les veneraba.
Diosa Isis en un antiguo Jeroglífico
Como siempre, los griegos y romanos se surtieron del conocimiento antiguo y de sus creencias. Y estas doctrinas convirtieron a Afrodita y Venus en las madres vírgenes de Eros y Cupido. Pero el más extendido de todos, era la adoración por la diosa Isis. Y así la representa esculturas e imágenes. Con un niño en su regazo, el fruto de Dios.
La sociedad romana se cristianizaba y las crónicas nos relataban la verdad del pueblo que no abandona el culto a Isis, sino que le cambia el nombre. Isis, Madre de un Dios, pasaba a ser la Virgen María, Madre de Dios. De un plumazo. Perpetúo la imagen y la apariencia. Ísis, enjoyada, prestó su figura y sus riquezas a María, que las asumió. Desde entonces, en múltiples representaciones se continúa mostrando a María cubierta de joyas, coronas y demás ornamentos ostentosos.
 

La fertilidad

Tanto Isis como la Virgen María son un símbolo de maternidad
Volvamos al mundo antiguo. Un viaje hasta la época cananea. Allí encontramos a Asera, diosa cananea de la fertilidad. Aparece junto a un árbol, como en las numerosas apariciones de la virgen. Incluso la Biblia nos habla de ella: "Jehová sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en las aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus padres, y los esparcirá más allá del Éufrates, por cuanto han hecho sus imágenes de Asera, enojando a Jehová" (Reyes 14.15).
Avancemos al mundo griego, hasta Efeso. En la polis estaba levantado el mayor templo de la antigüedad dedicado a la diosa Artemisa. Centro de su culto. Ciudad de adoración. Biblia en mano leemos a Pablo en Hechos 19.23-40. Allí el apóstol que no es apóstol nos muestra el alboroto que produjo el Evangelio de Cristo cuando lo predicaba a los futuros fieles. ¡Un solo dios! Y ¿Artemisa no lo era?
Para el pueblo sí, así que se levantó en vivas a la diosa. Esta imagen bíblica no hace más que demostrarnos la veneración de la sociedad pagana por la Madre de un Dios. Y es curioso que en Efeso, la tradición católica sitúe los últimos años de María. Años más tarde, en torno al 431 d.C, un concilio de la iglesia marcó como dogma de Fe el rol de María como Madre de Dios en la misma ciudad. Se le dio ese título oficial,theotokos.
El mismo que Artemisa e Isis. Pero se cristianizó. Las madres de dioses pasaban a ser Madre de Dios. Se elevaron voces discordantes. “Si vosotros llamáis a María, Madre de Dios, hacéis de ella una diosa”, apuntó Nestorio, Patriarca de Constantinopla sin saber que poco después sería condenado. Figuras a las que, durante siglos, tantos han venerado y que, desde antes de los siglos, el Dios de los cristianos, animaba a no hacerlo jamás
Los estudiosos han hecho comparaciones con el culto a Isis a finales de la época romana y el culto a la Virgen María. Después de que la religión cristiana ganó popularidad y comenzó a dispersarse en Europa y luego en Roma, los cristianos convirtieron el santuario de Isis en Egipto en una Iglesia en honor a María así como de manera deliberada tomaron imágenes del mundo pagano y las utilizaron.
Este fue el resultado de la exposición del cristianismo primitivo al arte egipcio. En una encuesta a "veinte destacados egiptólogos", realizada por el Dr. W. Ward Gasque , un erudito cristiano, encontró que todos los que respondieron reconocían que "la imagen de Horus niño e Isis ha influido en la iconografía cristiana de la Virgen y el Niño", pero que no hubo otras similitudes.
El historiador Will Durant escribió que "Los primeros cristianos a veces rendían honores, a las estatuas de Isis amamantando al niño Horus, viendo en ello un rito antiguo y noble acerca de como por medio de la mujer (es decir, el principio femenino), se crearon todas las cosas, que finalmente se convirtió en la Madre de Dios." Horus, en este aspecto juvenil, fue llamado Harpócrates por los griegos. A pesar de que a la Virgen María se le venera en el catolicismo y la Iglesia ortodoxa, su papel como una figura de la madre misericordiosa tiene paralelos con la figura de Isis.
 

El culto a Isis en Hispania


Templo dedicado a Isis en Hispanico de Baelio Claudia, Provincia de Cádiz
Como último dato, nos gustaría dedicar un párrafo a las evidencias del culto a Isis en Hispania, transmitido por comerciantes, militares o simples ciudadanos griegos y romanos. Al principio su veneración es popular para después llegar hasta las capas más altas. Existió culto organizado en: Emérita Augusta (Mérida), Igabrum, Cabra (Córdoba)), Valentia (Valencia) y Baelo Claudia (Bolonia, Cádiz), donde quedan restos de un Templo a Isis del S.II d.C; hubo devotos en: Legio (León), Astúrica Augusta (Astorga), Acci (Guadix), Saguntum (Sagunto) y Tarraco (Tarragona). Los últimos documentos hallados, referentes al culto a Isis en Hispania, datan de la primera mitad del siglo III.

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